«El contorno» de Marcos Benítez

El miércoles 14 de febrero el Museo del Barro reabre sus puertas. Yryru o el contorno del agua, del artista Marcos Benítez, inaugurada el pasado diciembre en la sala Olga Blinder, es una de las muestras que puede ser visitada.

 

Por Damián Cabrera

 

Y Ñanderuvusú le dijo a Mbaekuaá: “¡Encontremos la mujer!” Entonces habló Ñanderú Mbaekuaá: “¿Cómo habemos de encontrar una mujer?” Ñanderuvusú habló: “¡La encontraremos en la vasija!” Y el hizo una vasija de barro y cubrió la vasija. Momentos después, Ñanderuvusú a Mbaekuaá: “¡Vete a ver la mujer en la vasija!” Ñanderú Mbaekuaá fue a mirar; la mujer estaba en la vasija.

Leyenda de la creación (Los de Arco Largo)
Textos Apapókuvá
Recopilación de Kurt Nimuendaju Unkel;
versión de Juan Francisco Recalde

 

 

 

Marcos Benítez. Yryru o el contorno del agua. Video. 2017

 

Mujeres, madres, barro y cántaros. Estos sustantivos que pertenecen a por lo menos dos campos semánticos podrían resultar vinculados entre sí a través de un elemento condensador: la forma matricial que merodean los cántaros; piezas contenedoras de uso primordialmente doméstico y social, contornadas por ornatos rústicos y esquemáticos —al menos en cierta tradición ceramista en la que se inscribe la cerámica popular mestiza, uno de cuyos orígenes es guaraní—; ornatos que expanden una belleza desde el interior de sus formas cóncavas hacia una superficie —y más allá— donde se liberan para ensartarse en el campo de los significados poéticos.

No podés dejar de pensar en las madres mientras recorrés las obras que Marcos Benítez reúne en esta muestra. Si bien aquí se encuentran varios de los elementos primordiales que el artista trabaja en su obra —agua, tierra, fuego, aire—, el carácter del barro es predominante. Por razones que tienen que ver con una división tradicional del trabajo, el barro sigue siendo materia trabajada especialmente por la mano de mujeres en algunos pueblos ceramistas de Paraguay. Es como si la práctica preservara el sentido de una analogía anacronista, que une a través del modelado de esas matrices únicas la escisión genéticamente ancestral que hizo posible que sólo el cuerpo de las mujeres pudiera albergar en su interior cuerpos originales más o menos idénticos. Somos todos mamushkas más pequeñas, previamente contenidas por una gran madre.

Ediltrudis Noguera, colaboradora de Marcos Benítez en una de las acciones cuyo registro forma parte de la muestra, personifica ese carácter matricial al que te referís, y al que no pocas veces se refiere la obra de Marcos Benítez; ambos, con ritmos biológicos específicos: ella es heredera de un hacer femenino cuya cadena musical se sostiene con la fuerza de las manos, un ingenio y una sensibilidad; él ejercita como artista —por ejemplo, a través del grabado—, pero también en sus prácticas más allá de las fronteras del arte, los ritmos fijadores y reconstituyentes.

¿Podríamos decir que el artista presta el trabajo de fabricación protética de Ediltrudis[1] y se presta, junto con ella, a una urgente escenificación que dramatiza un retorno a la matriz orgánica de las madres pero también de la tierra?

(La tierra casi nunca es inerte, y sus propiedades son a veces empleadas con fines curativos. Quizás haya algo de eso en la obra de Marcos Benítez: la necesidad casi terapéutica de restituir algo que en el cuerpo se ha roto, como un cántaro).

El resultado visible de una de las acciones de Benítez es una envoltura abandonada, presentada acaso como fósil redescubierto. ¿Pero qué tipo de envoltura es ésta? En tu intento por clasificarla optás por la enumeración: Tal vez la crisálida de una oruga que mutó; el exoesqueleto ya demasiado pequeño de un artrópodo; la piel desgastada de un reptil; un sarcófago; una casa que te contuvo y que ahora ya no. O, en suma, el abrigo balsámico o contenedor de un cuerpo vulnerable o que se vio vulnerado; abrigo que fue abandonado cuando el cuerpo emergió redimido.

Marcos Benítez. Yryru o el contorno del agua. 2017

El ritmo, decías, es frecuente en la obra de Benítez. Para esta muestra, en una de las instalaciones, el artista dispuso cantarillas de distintos tamaños en forma vertical, una sobre otra, con patrones que parecieran sugerir una notación musical más contemporánea —propia de los estudios musicales digitales que algunos compositores y músicos emplean—; los clímax de esta música que instala Benítez —como toda música— también pueden ser traducidos como las notas más agudas, más difíciles de alcanzar, sostenidos por graves constantes, en una composición que tiene, asimismo, un carácter percusivo.

Marcos Benítez. Yryru o el contorno del agua. Video. 2017

Por otra parte, están el cuento —o la teoría del cuento— y la semántica que Benítez traduce, tal vez sin proponérselo, en los videos que integran la exposición. Existe una interpretación del cuento que lo sugiere como una iluminación profana; es lo que caracterizaría, por lo menos, al cuento moderno. “El cuento se construye para hacer aparecer artificialmente algo que estaba oculto”, escribe Ricardo Piglia, y agrega: “Reproduce la búsqueda siempre renovada de una experiencia única que nos permita ver, bajo la superficie opaca de la vida, una verdad secreta”[2]. A través de una suspensión, Marcos Benítez desmonta el corazón de una oposición tradicional: la dicotomía entre fondo y forma. En una de sus video-instalaciones, el artista presenta el contenido congelado de un cántaro, liberado deliberadamente de su contorno, o deshaciéndose atrapado en los restos fragmentarios del cántaro roto. Al prolongar la estabilidad del contenido, propiciada y modelada a su vez por el continente, el artista nos revela que lo uno es el otro, en una identidad que, mediante este artificio, es efímeramente estable.

Como el signo lingüístico, que puede mutar según el uso que los hablantes hagan de él, el agua cambia según los contornos por los que corre. El agua se adecua a sus contenedores. El agua que corre es metáfora del tiempo. El agua se adecua a sus fronteras, y otras veces la excede. El agua detenida puede ser la pausa requerida para encontrar una nueva forma, o para rebasarla.

 


NOTAS

[1] Artista que hace tiempo excedió con su obra los límites de la utilidad doméstica de las piezas de cerámica, y se expandió hacia fronteras en las que su hacer se ve afectado por otras funciones, estéticas y poéticas.

[2] Ricardo Piglia. Tesis sobre el cuento. Buenos Aires: Anagrama, 1986.

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