El arte de esconder la verdad

El arte de esconder la verdad

Por Víctor Báez Mosqueira

 

En la era de la post-verdad inaugurada por el giro conservador  en la política a nivel global, este artículo indaga en las evasiones fiscales como estrategia anticipadora de dicho giro, pero no en la política sino en el Mercado neoliberal.

 

Escándalo de facturas falsas en comercio internacional

Hace algunos días leíamos que se comenzó a utilizar un nuevo término. Se trata del neologismo post-verdad, que busca captar las razones de la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea (Brexit) o la victoria electoral de Donald Trump. La post truth o post-verdad “denota circunstancias en que los hechos objetivos influyen menos en la formación de la opinión pública que los llamamientos a la emoción y a la creencia personal” (según el Diccionario Oxford que acuñó el neologismo recientemente). Proponemos que también ubiquemos bajo esta categoría la emoción o creencia de que sólo los funcionarios públicos perjudican al Estado.

Los datos objetivos nos muestran que el enorme beneficio que suele tener el sector privado en un país es directamente proporcional al perjuicio que sufre el Estado. Claro que los medios de comunicación se ocupan casi exclusivamente de los abusos cometidos por los trabajadores del sector público, y nada dicen sobre los ilícitos del sector privado que literalmente vacían las arcas públicas.

El ejemplo concreto que hoy traemos es el de las falsas facturaciones en las importaciones y exportaciones que, con fuga de divisas y evasión de impuestos, desangran los cofres de nuestro Estado paraguayo. Hacia abril de este año, vimos en el diario ABC Color una denuncia hecha por una organización internacional y una ONG de Paraguay sobre el tema. Queremos ahora referirnos a algo más concreto y alarmante de lo que esa noticia relataba.

Las facturaciones falsas (misinvoicing en inglés) en las importaciones y exportaciones hacen parte de los flujos financieros ilícitos que roban a los países en desarrollo y los empobrecen cada día más para beneficiar principalmente a las grandes empresas transnacionales. Como resultado, las divisas que se fugan pasan a engrosar los depósitos de esas empresas o sus matrices en las cuevas de Alí Babá que en palabras finas son denominadas “paraísos fiscales”.

El método por el cual se calculan los importes de las facturaciones falsas en el comercio internacional es simple: se toman datos oficiales internacionales, por ejemplo los del FMI, sobre lo que cada país declaró vender a otra nación o manifestó que compró de ella. Así, cruzadas las informaciones,  si existen diferencias en los datos declarados, ellos van siendo contabilizados.

EL BOSCO. The Conjurer [El trillero]. Circa 1496-1516. La pintura muestra a um trilero realizando su rutina con vaso y una bolita, la cual esconde de la vista de los espectadores que apuestan a que saben dónde está. Se cree que este juego ha sido practicado, con múltiples variantes, ya en el antiguo Egipto. Detrás del personaje que mira atento el truco, hay un personaje robándose la cartera del espectador.

EL BOSCO. The Conjurer [El trillero]. Circa 1496-1516. La pintura muestra a um trilero realizando su rutina con vaso y una bolita, la cual esconde de la vista de los espectadores que apuestan a que saben dónde está. Se cree que este juego ha sido practicado, con múltiples variantes, ya en el antiguo Egipto. Detrás del personaje que mira atento el truco, hay un personaje robándose la cartera del espectador.

Las diferencias en los datos oficiales surgen porque, por ejemplo, una empresa radicada en Paraguay vende una mercadería a otra que está en otro país. Declara menos valor para pagar menos impuesto o para fugar divisas que ni siquiera entran al Paraguay. La empresa que le compra le abona el valor real de la exportación, pero al Paraguay solamente ingresa el valor subfacturado. La diferencia puede ser depositada en Suiza, Grand Cayman o cualquier  otra guarida fiscal. Aquí el ilícito cometido afecta al Banco Central, porque no ingresa el valor real del producto vendido al exterior, y también al Ministerio de Hacienda, pues no se pagó el impuesto por el importe real sino por el monto subfacturado.

El tema concreto es que una entidad internacional, la Global Financial Integrity (Integridad Financiera Global), publicó un trabajo de investigación (1) que ubica al Paraguay, junto con Costa Rica, Honduras, Panamá y Serbia, como país que tiene salida de divisas relacionadas a las facturas falsas en más del 16 por ciento del comercio de bienes. Le siguen con porcentajes menores Rusia, México, India, Malasia, Indonesia y Filipinas.

El mismo documento de la GFI nos indica la creciente facturación falsa realizada en nuestro país. En 2002 el monto de facturas simuladas alcanzó los 810 millones de dólares. En el 2003 el importe subió a 1.789 millones, en el 2004 a 2.183 millones, en el 2005 a 2.545 millones, en el 2006 a 3.268 millones, en el 2007 a 3.346 millones, en el 2008 a 5.415 millones, en el 2009 a 4.769 millones, en el 2010 a 6.941 millones y en el 2011 a 7.993 millones.

En 10 años se ha sumado un total de 39.059 millones de dólares en facturación falsa, 12.000 millones de dólares más que el Producto Interno Bruto del Paraguay del año pasado. No creemos posible que estas sumas hayan disminuido. Es más probable que hayan crecido. Esto nos ayuda a imaginar cuánta divisa fue a parar al exterior en forma ilícita y los millones de dólares en impuestos evadidos.

Así, las iniciativas de combate al flujo financiero ilícito que cobraron mucha fuerza a raíz del establecimiento de los nuevos Objetivos de Desarrollo Sustentable de las Naciones Unidas, demuestran cuál viene siendo el papel del sector privado,  que no es ni puro, ni honesto ni muy eficiente en la creación de riqueza y bienestar. Muchas veces es una sanguijuela que succiona  el tesoro público. Con esto no estamos diciendo que el Estado está lleno de virtudes. De hecho, la penetración del mismo por parte de los intereses privados requiere de un cuidadoso seguimiento de sus funciones, en defensa de la propia democracia. Hoy, más que nunca, las grandes empresas multinacionales ya no solo quebrantan las leyes que les molestan sino que también mandan hacer leyes a su gusto y medida, sin molestarse siquiera en disimular.

En estos cuatro artículos hemos visto cómo el sector privado evade impuestos, se beneficia con exenciones y hace facturaciones falsas. Gana por todos lados a expensas del Estado y de la posibilidad de que éste realice  políticas de combate a la pobreza y fomente la igualdad  de la ciudadanía.

En la próxima entrega veremos dónde podría estar gran parte de esos impuestos evadidos, eludidos y  adónde fue a parar el producto de las exenciones y de las facturaciones falsas. Haremos el ejercicio de pensar dónde puede estar escondida esa riqueza mal habida que a su vez es utilizada para producir más pobreza en las mayorías.

 

REFERENCIAS

1 Global Financial Integrity. Illicit Financial Flows. Perspective Paper. Benefits and costs of the IFF targets for the post-2015 Development Agenda. Dinamarca: Copenhagen Consenus Center, 2014.

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