Edad Clavada en la Vereda

Empezamos con esta serie de fotografías, la colaboración de Veo Lacalle. Recorremos con sus imágenes y sus comentarios, la realidad de diferentes espacios urbanos. En esta entrega, la situación de adultos mayores para quienes no hay políticas de inserción, de uso de su tiempo libre o de cuidado. 

Por Veo Lacalle

Cualquiera que se ponga a caminar en zigzag por la ciudad verá cientos de adultos mayores sentados en la vereda. O detrás de una muralla baja, o de unas rejas. Sobre un fragmento de pasto, sobre tierra o piso, en mil variedades de patios frontales, aunque es verdad que en muchos barrios las casas más nuevas ya no los tienen: en el reino del noticiero sangriento y el muro electrificado de la gentrificación, corredor o quincho trasero será rey.


Estos ancianos frontales, aunque en los bordes, están arrestados en su domesticidad, tal vez con roles de cuidado infantil, o ni eso. Su movilidad limitada por el cuerpo pero también por la ciudad, un espontáneo circuito de obstáculos mortales para los descalcificados y poco ágiles; o, de última, un lugar vertiginoso que no ofrece espacios donde convivir un pasado común. No hay salida, queda cruzar las piernas, sentarse en silencio. Su mirada se dirige hacia la calle, pero qué: ¿les pica aún el llamado del camino? Ahora ya ni siquiera hay Sábado Gigante como para sentarse por el resto de la vida frente al televisor. Y a tus nietos no les interesan tus historias, o ya las escucharon cien veces, tampoco es que haya demasiada variedad: ¿acaso no te viste forzado a repetir los días durante décadas, habituando tu voluntad inicialmente incómoda? Por eso ahora te ofrecemos tecnología de punta que solucionará tu problema: un exoesqueleto capaz de colgarte y permitirte saltar de un árbol a otro, de correr contra el raudal, o incluso descender a salvo del micro que nunca se detiene del todo, para que finalmente logres abandonar tu vereda, para que llegues al juego de escoba con las comadres, o puedas vivir nuevas aventuras que quizás tus nietos quieran escuchar.

 

Ésta es la vejez que te ofrecemos: arrugados trapecistas entre los mangos, parkour de la tercera edad, cyborgs seniles que mal vendieron sus pertenencias, ante el reclamo de sus futuros herederos, para colgarse el sayo de la robotecnia y a la mierda la quietud preambular de la muerte. ¿Sabías que forman pandillas, que Los Killos desesperan?

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